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Transgénicos, ¿si o no?

¿Transgénicos si o no?

Los transgénicos están de moda, ésta tecnología de punta tiene varias aristas, unas a favor y otras en contra, dependiendo los intereses y conocimientos, habrá quién los exalte y quien los repudie. Sin embargo, en lo general hay que describir aunque sea en forma escueta como es que se obtienen o desarrollan.

Los transgénicos son producto de la manipulación genética de diversas entidades biológicas (animales, plantas, bacterias o en general cualquier ser vivo) en la que alguna o algunas características génicas de un ente biológico es “trasplantado” en otro mediante tecnología muy avanzada. Todo esto con la finalidad de “mejorar” algunas características genéticas y de desarrollo del ser que recibe los genes de otro.

Un ejemplo hipotético: Se descubren uno o varios genes en las cucarachas, en las moscas o en las ratas que pueden contribuir al mejor desempeño productivo de las vacas; entonces, los científicos toman esos genes y los implantan o transfieren en los óvulos fértiles de las vacas, el resultado será una vaca transgénica capaz de resistir hasta ataques nucleares. ¡Suena sensacional! pero al final, la leche o la carne de este animal contiene esos genes transgénicos, de los cuales no se sabe el efecto que puedan tener en lo inmediato o a largo plazo en la salud humana. Esto sigue siendo un asunto hasta ahora desconocido (por cierto, me acordé de la película “La Mosca”).

Hasta ahí esto parece producto de la ciencia ficción, pero está ocurriendo en la vida real. De tal manera que de hecho ya está en nuestro ámbito y probablemente sin que nos demos cuenta.

El caso es que como en muchos avances tecnológicos, el desarrollo es intempestivo, rápido y sorprendente y lo vuelve prácticamente imposible de dar respuesta inmediata a la regulación de estos, dejando lagunas legales conforme a la distribución u operación. Esto lleva a una situación de riesgo a la salud pública y hasta hoy en día está ocurriendo prácticamente en todo el mundo.

La Organización Mundial de la Salud ha advertido sobre la posibilidad de riesgo, especialmente en los alimentos producto de la manipulación génica o transgénicos, ya que se presume la gran posibilidad de que induzcan o provoquen diferentes tipos de cáncer, lo que puede ocurrir a mediano o largo plazo en la población expuesta.

En México se prohibió la siembra de maíz transgénico pero no su uso y en estudios hechos por la UNAM, se encontró que la mayoría de los productos a base de este grano eran transgénicos. Cabe preguntar entonces, si está prohibido sembrarlo, ¿quién? ¿cuándo? ¿donde? y ¿cómo? Se “colaron” hasta nuestras mesas estos productos transgénicos que son de consumo tan importante, incluso son parte de la canasta básica de alimentación.

Es un cuestionamiento que habría que hacer a toda una suerte de autoridades implicadas en el asunto, ya no hablemos de los distribuidores, esos se cocinan aparte.

Otro aspecto que no se menciona mucho pero que es de suma importancia, es el hecho de que no solo se trata de un asunto de mejorar el rendimiento de los productos genéticamente manipulados, también puede dar lugar a situaciones monopólicas como ha ocurrido en la India o Pakistán, de ahí los movimientos de la sociedad civil que se han opuesto a estas tecnologías de punta, ya que inciden directamente en los cultivos endémicos que tenderían a desaparecer dejando el campo libre a las empresas que con su poder económico pueden contar con la tecnología que se requiere. Así, quien quiera sembrar deberá adquirir las semillas sólo y únicamente con la empresa que las produce y al precio que les parezca.

Otro ejemplo ya no tan hipotético: Los campesinos productores de maíz, que en su cotidianeidad una vez llegada la cosecha, una parte la guardan para la nueva época de siembra, otra la venden y al final otra la toman para su consumo. Hasta ahí todo suena ¡hasta romántico!, pero ¿qué sucedería si ese grano guardado para la siembra no tiene capacidad de brotar como normalmente lo hace? Esto debido a que ha sido manipulado genéticamente (entre otras cosas para que ya no vuelva a brotar).

Entonces el productor se verá obligado a adquirir semillas que sí broten a un precio que establece la empresa que las produce. En todo este periplo ya las semillas autóctonas, endémicas ancestrales ¡ya desaparecieron! Y la producción queda en manos de una o varias empresas (muchas veces trasnacionales) que determinarán las condiciones del mercado, creando monopolios capaces de cambiar hasta las costumbres alimenticias de regiones completas del planeta.

Por lo anterior en algunos países avanzados se ha estado tratando de advertir al consumidor mediante un etiquetado en los alimentos y productos transgénicos. La advertencia del contenido de estos, no sin la oposición mediante el cabildeo de las empresas implicadas en las altas esferas legislativas para que éstas advertencias no aparezcan. Lo que pone en evidente estado de indefensión al consumidor.

Al final acaba siendo una papa caliente para los países y sus autoridades que deberán tomar las medidas correspondientes, siempre y cuando tengan la voluntad, el conocimiento y la capacidad para hacerlo.

Imagine que al ir a comprar la leche o los alimentos de los niños (que suelen ser los que tienen más riesgo, por que están en pleno desarrollo) se encuentra con una marca que dice: “Contiene producto transgénico” y otra marca que no se lo advierte porque proviene de animales que no son transgénicos, ¿cuál compraría?

Al final, una vez más es asunto de salud pública y sobre todo de ética en más de un sentido.

 

POR: ALEJANDRO VELASCO SAID

MÉDICO VETERINARIO ZOOTECNISTA,  DIPLOMADO EN SEGURIDAD INDUSTRIAL, PROTECCIÓN CIVIL Y SALUD LABORAL. GERENTE EN CONTROL DE ZOONOSIS